Esta primavera pasada, mi hija pequeña llegó a casa un día con una amiga. Ambas estaban muy preocupadas. Habían atropellado "sin querer" a un caracol con la bici.

Parte de la concha del caracol presentaba una
avería importante. Me le traían para que yo le curara. La verdad es que no daba yo gran cosa por aquél ejemplar.
Han pasado los meses y, a base de lechuga y humedad, el caracol sobrevive al percance sufrido.

Es más que probable que, de haber dejado seguir a la Naturaleza su curso, este caracol no habría sido capaz de sobrevivir dado el gran número de depredadores que tiene esta especie y la penosa situación en que quedó tras el atropello. Nuestra interferencia en el curso natural de las cosas es sólo el intento de enmendar un daño que hemos producido nosotros mismos.