jueves, 11 de agosto de 2016

Cochinillas

Ruda es una fuente inagotable de observaciones cuando menos curiosas. Observar como algunas de sus ramas se poblaban de algo blanquecino despertó nuestra curiosidad. La cochinilla algodonosa había procedido a colonizarla por contigüidad con otra planta completamente afectada.


La cochinilla algodonosa (Planococcus citri) es un hemíptero fitófago poco selectivo, por lo que ataca buen número de plantas, si bien es su presencia en plantaciones de cítricos e invernaderos donde puede causar importantes daños desde un punto de vista económico.


Los agrupamientos de estas cochinillas se recubren de abundantes secreciones céreas de aspecto blanquecino que atraen a las hormigas.


Es un buen ejemplo de simbiosis ya que, de esta manera, las hormigas protegen a este hemíptero de los innumerables enemigos que tiene, entre ellos, las avispas parasitoides y, por supuesto, Cryptolaemus montrouzieri, un coleóptero de la familia de las mariquitas (Coccinellidae).
El dimorfismo sexual está bien diferenciado por cuanto que los machos son alados, si bien nosotros no hemos podido llegar a observar ninguno. Hubiera resultado interesante ya que hemos podido averiguar que la hembra de esta especie puede copular con dos machos al mismo tiempo.


Una exhaustiva limpieza manual de la ruda, junto a la eliminación de la planta próxima que provocó su colonización, ha permitido evitar una verdadera plaga, pues aunque quedan algunos cuantos ejemplares pastoreados por hormigas, no parece que ruda sea una planta agradable de colonizar para las cochinillas.

miércoles, 27 de julio de 2016

Visitantes inesperados

La adquisición de una planta de ruda para la terraza de casa nos ha deparado una interesante sorpresa a la vuelta de las vacaciones. Aunque la finalidad de la planta fuese esa, sinceramente, no esperábamos que ocurriese. La presencia de unas pequeñas oruguitas de la mariposa Papilio machaon nos alegraron enormemente. Mientras completan su ya avanzado ciclo vital, que publicaremos en Mundo de Insectos, otro visitante inesperado nos ha permitido una buena sesión fotográfica. Se trata de una pequeña araña a la que ya hemos hecho referencia anteriormente: probablemente Misumena vatia.


Su presencia entre nosotros duró menos de lo esperado, presumiblemente, porque debió percatarse que la ruda no era un buen territorio para cazar incautos insectos que acuden a las ya marchitas flores de la planta.


Una característica de esta araña cangrejo (familia Thomisidae) es la capacidad de cambiar de color del blanco al amarillo y viceversa, para conseguir un mejor mimetismo con las flores de la planta en la que se ubique, si bien para ello tarda unos días en hacerlo.


El breve espacio de tiempo con nosotros no nos permitió poder ilustrar este interesante ejemplo de homocromía. Una curiosidad, el cambio de color del blanco al amarillo tarda más días que a la inversa.

miércoles, 20 de julio de 2016

Juan Salvador Gaviota

La única ley es la que guía a la libertad
 Richard Bach, Juan Salvador Gaviota, 1970.

Las gaviotas son aves a las que estamos bastante acostumbrados en zonas costeras donde han impuesto su presencia e incluso desplazado a otras especies por su enorme capacidad de colonización y agresividad. La mayoría de especies de gaviotas pertenecen al género Larus. El ejemplar de la foto es la inconfundible gaviota patiamarilla (Laurus michahellis) propia de nuestro Mediterráneo.


Dos cosas me han llamado siempre la atención de las gaviotas: su inicio del vuelo; y su capacidad de planear dejándose llevar por el viento.






Pero resulta inevitable hablar de gaviotas y no hacer referencia al libro Juan Salvador Gaviota (Richard Bach, 1970), una metáfora sobre la libertad y el afán de superación aunque, desde mi punto de vista, la gaviota no sea el animal más apropiado para ello.

sábado, 2 de enero de 2016

Cangrejos transexuales

La naturaleza está llena de curiosidades que multiplican la diversidad hasta extremos casi inimaginables. Es difícil encontrar costumbres o comportamientos en el ser humano que no se reproduzcan en el mundo animal como tareas adaptativas para la supervivencia de la especie. Uno de los casos más curiosos es el del cangrejo común o cangrejo verde europeo (Carcinus maenas), cuyos machos, parasitados por percebes del género Sacculina (S. carcini) hace que estos se comporten como hembras.
Carcinus maenas tiene un exoesqueleto en forma de abanico con cinco dientes o espinas romas a lo largo del borde de la concha por detrás del ojo. El primero de estos dientes forma el margen posterior de la cuenca del ojo y la quinta está en la parte más ancha. Además presentan tres dientes redondeados o lóbulos entre sus ojos.


Nativo del noreste Atlántico y del mar Báltico, su alto poder invasor le ha llevado a colonizar hábitats similares en Australia, Sudáfrica, Sudamérica y las costas atlánticas y del océano Pacífico de Norteamérica, Está considerado una de las 100 especies invasoras más dañinas.
La infestación de estos cangrejos por otro crustáceo rhizocephalo emparentado con los percebes, Sacculina carcini, es uno de los ejemplos más característicos de la denominada castración parasitaria.
Las microscópicas larvas de primer estadio del parásito, denominadas nauplios, mudan varias veces durante cinco o seis días mientras forman parte del placton.


Tras esa  fase de larva nauplio, se transforma en una larva cipris que es la que ataca al huésped por sus antenas. A partir de ahí, se despoja de su tórax y abdomen y entra en el cangrejo como una masa de células embrionarias. Esa masa de células migra hacia el intestino medio del cangrejo justo por debajo del corazón y se extiende en forma de zarcillos para obtener su alimento de los nutrientes del huésped. La hembra extiende una protuberancia hacia el exterior del cangrejo a través de la cual permitirá su fecundación por las larvas macho en un sistema de apareamiento poliándrico. El cangrejo huésped (hembra) creerá que se trata de su propia puesta y velará por el cuidado de ella.


Sin embargo las larvas de Sacculina carcini no discriminan a la hora de infestar a los cangrejos Carcinus maenas, haciéndolo por igual en machos y hembras. Lo llamativo del caso es que si se trata de un cangrejo macho, provocará en este cambios no solo físicos, como el ensanchamiento del abdomen típico de las hembras, sino que modificará incluso el patrón de comportamiento del macho para hacerlo igual que las hembras. En ambos casos, machos y hembras del cangrejo quedan estériles pero se afanan en el cuidado de la puesta de la que emergerán las larvas del parásito para colonizar a nuevos cangrejos.
Sacculina carcini ha sido considerado como un medio de control de las especies invasoras del cangrejo común europeo, pero debido a la baja especificidad del huésped también parece dañar las poblaciones de cangrejos no invasivos, ya que se ha podido comprobar que puede afectar también a Carcinus aestuarii, Liocarcinus depurator, Perimela denticulata y otros cangrejos de la familia Portunidae.

lunes, 10 de agosto de 2015

Condenado a vivir

Desde el momento que el pez gato protagonista de la entrada de hace un año picó el cebo que le convertía de pez a pescado, solo le quedaban dos posibilidades. Debido a su lógica inclusión en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, la normativa sobre pesca de las diferentes Comunidades Autónomas establece que el pez gato no pueda ser devuelto a su medio. Sufrir la agonía de una muerte lenta por asfixia es la que le suele esperar a sus congéneres cuando caen en el cebo. El ejemplar de la foto tuvo la suerte de contar con una pecera de acogida.


Desde hace aproximadamente un año, este ejemplar ha conseguido adaptarse bastante bien a un nuevo medio al que ha sido condenado a vivir.


No puede considerársele una mascota al uso. No suele hacer nada. Sus hábitos nocturnos, aunque cada vez más relajados, permite que coincidamos en alguna noche de insomnio o de retraso de retirada a nuestros aposentos algún que otro viernes o sábado. Pero, a cambio, no muestra exigencias especiales. Poco a poco, se adapta a su condena a la vida.

sábado, 16 de mayo de 2015

Gastronomía y ciencia

Nuestro interés culinario no está para nada reñido con nuestro interés científico. Si ya dedicamos una entrada en el pasado a los entrañables bichos navideños, queremos aprovechar la ocasión para dedicar esta entrada gastronomo-científica a un ejemplar de bicho realmente interesante: la dorada a la sal. Dos retos se planteaban: preparar este plato por primera vez; y documentarnos acerca de este pescadillo del orden Perciformes, familia Sparidae y por tanto pariente cercano de los sargos y los besugos. La dorada (Sparus aurata), debe su nombre a la presencia de una franja dorada en la parte superior de los ojos.
Son peces omnívoros dotados de unas buenas filas de dientes.
Dos ejemplares de 900 g. cada uno, fueron pescados en la pescadería para proceder con la primera parte del ensayo gastronomo-científico de esta entrada.
En una bandeja, sobre un lecho de sal gorda, fueron perfectamente ubicados mientras se procedía a calentar el horno. Mientras tanto, nuestro pez gato permanecía agazapado bajo su amiga, una manta de plástico con la que hace buenas migas, no sabemos si atemorizado por los dientes y el tamaño de su pariente lejano o por nuestras posibles aviesas intenciones de depararle un final parecido.
Tras cubrir a las doradas de sal, de ahí el más que probable nombre de doradas a la sal, se introducen en el horno donde según he podido informarme en páginas especializadas la regla es 20 minutos por kilo de pescado.
Mientras el pescado se va haciendo lentamente, se procede a freír cebolla, pimiento verde y rojo, que formarán parte del aliño que acompañará al plato, junto con patatas.

Más que nada es por estar entretenidos mientras el horno va realizando su función. Como en este caso el factor tiempo juega a nuestro favor, mientras la dorada se va haciendo, vamos a dedicarnos a la parte científica de la entrada. Documentándonos acerca de Sparus aurata, nos enteramos de algo que no sabíamos: se trata de una especie hermafrodita protándrica (¡vaya palabro!) y en el caso de la dorada, nacen todos machos hasta aproximadamente los dos años para, a partir del tercero, transformarse en hembras, aproximadamente cuando alcanzan sobre los 600 g. de peso. Reconozco que lo del hermafroditismo protándrico despertó mi curiosidad. Investigando un poco encontramos una interesante página donde nos lo explica. Básicamente el hermafroditismo puede ser sincrónico o secuencial, dependiendo de que los dos sexos se presenten activos a la vez o primero se dé uno y luego el otro. El sincrónico es raro entre los peces, pero no así el secuencial que puede ser a su vez protógino o protándrico, dependiendo de qué sexo esté activo en primer lugar. Los protóginos son primero hembras y luego se transforman en machos, sucediendo lo contrario en los protándricos como es el caso de nuestra dorada o una de las especies más típicas en las que se ha estudiado este fenómeno, el pez payaso, nombre genérico con el que se designan unas cuantas especies recogidas en dos géneros, el más característico Amphiprion.
Seguríamos con este apasionante tema de no ser porque nuestras doradas ya se han horneado y están listas para ser rescatadas de la sal en la que se han cocinado.
Tras lo cual, solo queda disfrutar de este delicioso manjar que, de paso, ha servido para satisfacer nuestra curiosidad científica.
Bon appétit!

sábado, 2 de mayo de 2015

Apiterapia

Mi padre contaba como en una ocasión la picadura de una abeja en su mano le curó el dolor y la inflamación que tenía en esta desde hacía algún tiempo. Él intentó conseguir documentación sobre el efecto antiinflamatorio del veneno de la abeja con escasos resultados, pero yo me quedé con la copla. Recientemente, a raíz del testimonio de algunas personas y de haber podido presenciar una sesión de apiterapia con abejas vivas, hemos querido indagar en el tema.
El veneno de la abeja (apitoxina) está formado por al menos 18 componentes con variadas propiedades farmacológicas. A nivel experimental, existe amplia documentación tanto in vitro como in vivo de los efectos antiinflamatorios y citotóxicos de los diferentes componentes de la apitoxina, el principal, la melitina que representa el 50% de todos ellos.

(Tomado de Son et al., Pharmacology & Therapeutics 115 (2007) 246-270)

La obrera de la abeja europea (Apis mellifera), presenta una modificación de su órgano ovopositor que le sirve para inocular veneno para defenderse ella o a su colmena. El aguijón de las abejas es aserrado y ello provoca que al retirarlo, después de picar, las glándulas secretoras del veneno junto con parte de sus intestinos se desprendan de la abeja, lo que conlleva su muerte.
La apitoxina ha sido objeto de estudio en artritis, dolores articulares y diferentes tumores por el efecto citotóxico de la melitina. En 1979, McDonald et al., en un estudio retrospectivo, comprobó que la incidencia de muerte por cáncer en apicultores era significativamente menor que en la población general, en concreto por cáncer de pulmón.
Lee et al., recientemente han realizado una revisión sistemática de la literatura científica sobre el tratamiento con veneno de abeja en la artritis reumatoide (BMJ Open 2014; 4:e006140) encontrando un total de 304 potencialmente relevantes estudios. El problema es que, de todos ellos, solo existe un ensayo clínico aleatorizado controlado doble ciego con una muestra relativamente pequeña (37/32) para dar una fuerte evidencia científica. Pero que la evidencia no se ajuste al rigor científico de los estudios controlados, doble ciego y demás, no resta valor a las observaciones acumuladas de mejoría sintomática del dolor de los procesos inflamatorios que relatan muchos pacientes tras el tratamiento con apitoxina, bien sea purificada o directamente suministrada por la aplicación de una abeja viva.


La sujeción de la abeja por medio de unas pinzas provoca que la abeja se sienta lo suficientemente amenazada como para clavar su aguijón.


En una picadura, una abeja inocula aproximadamente 0,1 mg. de veneno el cual puede rebosar si la picadura no es lo suficientemente profunda, como es el caso de la foto superior.


Posteriormente, hay que proceder a retirar el aguijón con las mismas pinzas que han sujetado a la abeja.
El tratamiento consiste en sesiones semanales con 4 a 6 abejas por sesión dependiendo de la intensidad de los síntomas y la tolerancia del individuo.
Nota 1: Este tratamiento resulta letal para la abeja.
Nota 2: Este tratamiento está absolutamente contraindicado en personas alérgicas al veneno de la abeja.