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domingo, 12 de diciembre de 2010

Nuevos inquilinos

Por nuestro modesto habitat pasan muchos bichos, la mayoría de paso. Algunos vienen para quedarse, a esos los llamamos inquilinos. Hemos adquirido unos curiosos inquilinos, una nueve espacie de fásmido para intentar criarlos como Carausius morosus, Medauroidea extradentata o Eurycantha calcarata. Se trata de la curiosa especie, originaria de Perú, Peruphasma schultei (Conle & Hennemann, 2005).



Son todavía ninfas y les aguarda aún un largo recorrido para llegar a la fase de adulto. Sin embargo, y al igual que nos ocurriera con Eurycantha calcarata hace algo más de un año, nada más llegar, una de las ninfas se ha puesto a mudar y, aparentemente, se encuentra en una muda patológica, esto es, parece incapaz de desprenderse de la misma. La similitud con el caso de los Eurycantha nos induce a pensar que ha sido el cambio de habitat y la falta de adaptación en tan poco tiempo al mismo en un período tan delicado como resulta ser la muda de cualquier insecto, la causa de este problema.



Con mimo, hemos procedido a separar el ejemplar del resto y aislarlo en un cubículo más aislado. Le hemos rescatado de sus propias secreciones líquidas en las que parecía atrapado. Ya veremos que ocurre, aunque en el proceso parece haber perdido algunas patas (autotomía).
Confiemos en que las demás ninfas se adapten fácilmente antes de iniciar la próxima muda.

domingo, 22 de junio de 2008

Partenogénesis: cuando no hacen falta los machos

Si bien existe consenso acerca de que la reproducción primigenia fue asexual, lo cierto es que fue la reproducción sexual la que se extendió, generalizó y acabó por convertirse en la norma específica para la inmensa mayoría de las especies, tanto de animales como plantas, prácticamente desde un principio de la evolución.
La reproducción sexual, por medio de la cual machos y hembras se cruzan para la transmisión de los caracteres diferenciales (genes) a la descendencia, implica la existencia de una contínua variación genética. Por el contrario, en la reproducción asexual, se formarían nuevos individuos a partir de sucesivas divisiones mitóticas de la célula sexual femenina sin la participación de un gameto masculino; es lo que se denomina partenogénesis, literalmente, reproducción virginal. El resultado de este tipo de reproducción son clones exactamente iguales al progenitor desde un punto de vista genético.
La partenogénesis se encuentra extendida entre muchas especies de Fásmidos o insectos palo. Parece tratarse de una regresión hacia la reproducción asexual. De hecho, hay especies en las cuales la reproducción es sexual pudiendo generar nuevos individuos por partenogénesis en el caso de ausencia de machos. Un ejemplo típico de reproducción asexual es la del insecto palo Carausius morosus. Esta especie se ha convertido en la referencia para el estudio de la partenogénesis en el laboratorio.



En nuestro caso, nos encontramos ya por la tercera generación de clones de Carausius morosus como el de la foto. La reproducción asexual garantiza la supervivencia de la especie de manera indefinida sin necesidad de macho, pero, a diferencia de la reproducción sexual y desde un punto de vista evolutivo, este tipo de reproducción no permite la variabilidad y la diversidad para la lucha por la adaptación al entorno. El único mecanismo posible de variación para este tipo de reproducción es la mutación.

viernes, 7 de marzo de 2008

Exuvia

La exuvia es la cutícula usada (exoesqueleto), que es abandonada por los artrópodos (insectos, crustáceos o arácnidos) tras la muda o ecdisis (Fuente: Wikipedia). En los insectos con metamorfosis sencilla, simple o incompleta, es la manera que tienen los individuos de desarrollarse y crecer hasta la fase de adulto.



Una ninfa del fásmido Medauroidea extradentata ha dejado abandonada la exuvia sobre una joas de zarza. En cambio, la exuvia de otro insecto palo, Carausius morosus, es muy difícil observarla debido a que el individuo resultante se come su propia muda. Aquí os mostramos una ninfa de Carausius morosus en plena ecdisis.



Los artrópodos no son los únicos animales que mudan. En los reptiles la muda representa una renovación de la capa córnea más externa que recubre la piel del animal. Es característica la muda de los ofidios que se denomina camisa. Esta que mostramos aquí es una muda de una salamanquesa, la Tarentola mauritanica.

domingo, 3 de febrero de 2008

Camuflaje perfecto

Para la mayoría de los seres vivos vulnerables, la capacidad de pasar desapercibido ante potenciales depredadores es vital para la supervivencia. Para ello, muchos animales adquieren formas y/o colores que les permiten camuflarse con el entorno. Uno de los ejemplos más curiosos de camuflaje es el del camaleón, cuyo cambio de color de la piel resulta muy llamativo. Este que podemos ver aquí es un Chamaeleo calyptratus, o Camaleón del Yemen, fotografiado en el Zoo de Madrid.



En cambio, en esta otra foto, no hay ningún camaleón; pero se trata también de una forma de camuflaje. La foto ha sido retocada un poquito para facilitaros la tarea.



Dos ejemplares de Carausius morosus adultos hacen honor al término general de insecto palo que suele dárseles a los fámidos.