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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Vecinos invasores

Si estábamos habituados a especies invasoras introducidas en nuestro medio natural por descuido, como el mosquito tigre (Aedes albopictus), o por un error de cálculo, cangrejo americano (Procambarus clarkii), nos ha llamado la atención descubrir que en la Comunidad de Madrid, en el Parque Regional del Sureste, campan a sus anchas en estado salvaje mapaches. Se los empezó a ver en el año 2003 y son seguramente mascotas abandonadas después de comprobar que el mapache es un muy difícil animal doméstico. El mapache boreal (Procyon lotor) es un voraz depredador que causa graves daños en nuestros delicados ecosistemas, razón por la que la ley obliga a incluirles en la lista de especies invasoras que deben ser erradicadas.



Pese a su mirada tierna, como el ejemplar de la foto que es un residente del Zoo de Madrid, y su aspecto de gracioso peluche, estos omnívoros oportunistas causan graves daños fuera de su entorno natural, Norteamérica, debido a la ausencia de depredadores naturales sobre ellos.



Mapache es un término náhuatl que significa "que tiene manos", una clara referencia a la capacidad prensil de sus garras delanteras que utilizan para agarrar y sostener la comida.



No deja de resultar una curiosidad (aunque resulte inaceptable y deba corregirse) que el mapa de distribución de los mapaches ocupe una amplia zona de Norteamérica y América Central, y un puntito en el sureste de la Comunidad de Madrid. Para verlos y contemplarlos, siempre tendremos el Zoo de Madrid.

sábado, 21 de agosto de 2010

El cangrejo no es un animal de compañía

Hace unas cuantas semanas, haciendo la compra, decidimos indultar un par de cangrejos de río destinados a las diferentes artes culinarias. Por 58 céntimos euro, pretendíamos alimentarles y administrarles todos los cuidados posibles. La aparcada pecera se puso operativa y les ofrecimos toda clase de alimentos: desde pienso de gato hasta suculento pescado o trozos de carne. No mostraron el más mínimo interés por nuestros ofrecimientos y eso que los cangrejos de río tienen fama de ávidos carroñeros.



Uno de ellos era especialmente simpático. Cuando le acercaba el dedo índice se erguía sobre sus patas y levantaba sus pinzas como impulsado por un resorte, incluso seguía mis movimientos laterales con el dedo. Me estaba empezando a ilusionar con el descubrimiento de una nueva afición, domador de cangrejos, cuando el simpático bicho, inapetente, decidió pasar a mejor vida. Poco después, el otro cangrejo se sumó al mismo destino que el anterior.
Resulta evidente que el cangrejo de río no parece ser un efectivo animal de compañía. Lo que me llama la atención es su inapetencia. Procedentes de granjas para su comercialización, nos preguntamos si les administran algo para que dejen de comer y, de esa manera, llegar al consumidor un tanto purgados.
El cangrejo de río que se consume en nuestro país es el llamado cangrejo americano (Procambarus clarkii). Su introducción hace tiempo en nuestros ríos desplazó a nuestro cangrejo autóctono, Austropotamobius pallipes lusitanicus, una subespecie del cangrejo de río europeo (Austropotamobius pallipes), que actualmente se encuentra en peligro de extinción amenazado por afanomicosis, una infección fúngica producida por el hongo Aphanomyces astaci al cual el cangrejo americano es inmune y portador del mismo.





Y para qué queríamos hacer del cangrejo un animal de compañía, os preguntaréis. Recientes observaciones sugieren que Procambarus clarkii podría reproducirse además por partenogénesis, y era algo que queríamos explorar.