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lunes, 30 de mayo de 2022

Peligro entre las flores

 Con la llegada de la primavera las flores nos muestran todo su esplendor. Atractivos encantos para todos esos insectos polinizadores que tan serviciales se muestran en su tarea recolectora de polen. Entre los más típicos, las abejas solitarias que compaginan la construcción de su nido con la provisión del mismo. Sin embargo, con cierta frecuencia, las flores pueden representar un verdadero peligro para estos huéspedes. Ocultas entre las flores, las arañas de la familia Thomisidae acechan la llegada de cualquier intruso. Esta familia de arañas, más conocidas como arañas cangrejo, presentan un gran tamaño de los pares de patas primero y segundo y una peculiar capacidad para desplazarse lateralmente. No construyen telas sino que cazan a sus presas al acecho. Con anterioridad hemos hecho referencia en alguna ocasión a esta familia de arañas.

Una incauta y confiada abeja ha sido presa de una araña cangrejo imposible de clasificar para mi, aunque es posible que se trate de alguna especie del género Misumena


sábado, 2 de mayo de 2015

Apiterapia

Mi padre contaba como en una ocasión la picadura de una abeja en su mano le curó el dolor y la inflamación que tenía en esta desde hacía algún tiempo. Él intentó conseguir documentación sobre el efecto antiinflamatorio del veneno de la abeja con escasos resultados, pero yo me quedé con la copla. Recientemente, a raíz del testimonio de algunas personas y de haber podido presenciar una sesión de apiterapia con abejas vivas, hemos querido indagar en el tema.
El veneno de la abeja (apitoxina) está formado por al menos 18 componentes con variadas propiedades farmacológicas. A nivel experimental, existe amplia documentación tanto in vitro como in vivo de los efectos antiinflamatorios y citotóxicos de los diferentes componentes de la apitoxina, el principal, la melitina que representa el 50% de todos ellos.

(Tomado de Son et al., Pharmacology & Therapeutics 115 (2007) 246-270)

La obrera de la abeja europea (Apis mellifera), presenta una modificación de su órgano ovopositor que le sirve para inocular veneno para defenderse ella o a su colmena. El aguijón de las abejas es aserrado y ello provoca que al retirarlo, después de picar, las glándulas secretoras del veneno junto con parte de sus intestinos se desprendan de la abeja, lo que conlleva su muerte.
La apitoxina ha sido objeto de estudio en artritis, dolores articulares y diferentes tumores por el efecto citotóxico de la melitina. En 1979, McDonald et al., en un estudio retrospectivo, comprobó que la incidencia de muerte por cáncer en apicultores era significativamente menor que en la población general, en concreto por cáncer de pulmón.
Lee et al., recientemente han realizado una revisión sistemática de la literatura científica sobre el tratamiento con veneno de abeja en la artritis reumatoide (BMJ Open 2014; 4:e006140) encontrando un total de 304 potencialmente relevantes estudios. El problema es que, de todos ellos, solo existe un ensayo clínico aleatorizado controlado doble ciego con una muestra relativamente pequeña (37/32) para dar una fuerte evidencia científica. Pero que la evidencia no se ajuste al rigor científico de los estudios controlados, doble ciego y demás, no resta valor a las observaciones acumuladas de mejoría sintomática del dolor de los procesos inflamatorios que relatan muchos pacientes tras el tratamiento con apitoxina, bien sea purificada o directamente suministrada por la aplicación de una abeja viva.


La sujeción de la abeja por medio de unas pinzas provoca que la abeja se sienta lo suficientemente amenazada como para clavar su aguijón.


En una picadura, una abeja inocula aproximadamente 0,1 mg. de veneno el cual puede rebosar si la picadura no es lo suficientemente profunda, como es el caso de la foto superior.


Posteriormente, hay que proceder a retirar el aguijón con las mismas pinzas que han sujetado a la abeja.
El tratamiento consiste en sesiones semanales con 4 a 6 abejas por sesión dependiendo de la intensidad de los síntomas y la tolerancia del individuo.
Nota 1: Este tratamiento resulta letal para la abeja.
Nota 2: Este tratamiento está absolutamente contraindicado en personas alérgicas al veneno de la abeja.

viernes, 3 de julio de 2009

Primeras fotos

Estamos procediendo a familiarizarnos a nuestra nueva cámara, una Nikon D90 con un objetivo AF-S Nikkor 18-105 mm. Ya hemos empezado a ahorrar para un macro. Mientras tanto, no perdemos ocasión de disparar a todo lo que se menea.





Desde luego que en la red pueden encontrarse muchas fotos de insectos mucho más bonitas que las que presentamos ahora; no pretendemos competir con ellas, ni mucho menos. En este Blog, como en el de Mundo de Insectos, nuestro único objetivo es ilustrar historias de insectos y otros bichos que nos rodean habitualmente.



Si bien una buena cámara no es garantía de una buena foto, esperamos mejorar nuestras ilustraciones fotográficas a partir de ahora.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Animales matemáticos

Hace unos cuantos meses, diferentes medios de comunicación resaltaban la noticia de que los peces saben contar hasta cuatro. Christian Agrillo y su equipo de la Universidad de Padua (Italia), hicieron uso del hecho de que las hembras de la especie Gambusia affinis que estaban siendo acosadas por un macho huían hasta el mayor banco de peces cercano para refugiarse. En su experimento, la hembra de pez examinada se encontraba en un tanque de agua central, separado de dos tanques adyacentes que contenían bancos de peces de distintos tamaños y que ella podía ver. Cuando era acosada, se dirigía al más grande, incluso cuando no podía unirse a los peces que lo componían. Los investigadores mostraron que el pez podría distinguir entre bancos que contenían uno o dos peces, dos o tres peces y tres o cuatro peces. Pero no podían diferenciar entre bancos de cuatro o cinco unidades.



No parece un gran mérito éste, si bien, comparados con macacos que pueden llegar a contar hasta cinco, sí lo es. Yo creo que los monos pueden contar más, otra cosa es que se presten a colaborar en un experimento matemático. Después de todo, está probada la destreza del elefante para sumar mentalmente el número de manzanas que se añade en diferentes recipientes para luego elegir el que más tiene. Los elefantes eligen correctamente el 74% de las veces y uno de ellos (Ashya un elefante asiático) elige el recipiente de mayor cantidad de frutas el 87% de las veces. Al someter a humanos a la misma prueba se corroboró que sólo tienen éxito el 67% de las veces (fuente: Matematifantes).

Pero si hablamos de animales matemáticos hay que hacer referencia a dos: la abeja y el caracol. La abeja (Apis mellifera) construye panales hexagonales para guardar miel, ¿por qué? Papus de Alejandría, en el siglo III, demostró que, entre todos los polígonos regulares con el mismo perímetro, encierran más área aquellos que tengan mayor número de lados. Es evidente que a las abejas nadie les enseña matemáticas; como dijo Papus de Alejandría: Las abejas ..., en virtud de una cierta intuición geométrica ..., saben que el hexágono es mayor que el cuadrado y que el triángulo, y que podrá contener más miel con el mismo gasto de material.



Tanto o más curioso es el caso de los caracoles en todos sus diferentes géneros y especies. El caracol común (Helix aspersa) tiene que crecer a la vez que lo hace su concha.



Para ello, y sin ir a la escuela de caracoles, tiene que ir cerrando una sección de su concha y añadir una nueva cámara al crecer. Cada cámara será más grande que la anterior por un factor constante. Como resultado, la concha formará una espiral logarítmica, la cual fue descrita por Descartes en el siglo XVII.



Un tipo de caracol, el nautilus, llega a tal sofisticación que la razón o, mejor dicho, grado de la espiral logarítmica de su concha se aproxima a 17,03239 para lo cual parece estar utilizando la secuencia de Fibonacci, matemático italiano del siglo XIII al que se le debe el descubrimiento de la secuencia numérica que lleva su nombre y que tiene numerosas aplicaciones en ciencias de la computación, matemáticas y teoría de juegos. Esta secuencia es la siguiente:

0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55 ...

Fibonacci dio con la sucesión cuando buscaba la solución a un problema de la cría de conejos: "Cierto hombre tenía una pareja de conejos juntos en un lugar cerrado y uno desea saber cuántos son creados a partir de este par en un año cuando es su naturaleza parir otro par en un simple mes, y en el segundo mes los nacidos parir también" (Laurence Sigler, Fibonacci's Liber Abaci, página 404).

A mí, personalmente, me resulta llamativo que muchas especies animales usen las matemáticas aun cuando no sepan matemáticas ni las hayan estudiado. Al fin y al cabo, las matemáticas están en la esencia misma de la Naturaleza. Nosotros mismos nos regimos a menudo, de forma intuitiva, usando las Matemáticas aunque no nos acordemos de las fórmulas que estudiamos cuando éramos más pequeños.