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lunes, 24 de octubre de 2011

Peligro: animales sueltos

Si bien nos vamos acostumbrando a la señal de peligro a la entrada de la localidad madrileña de Soto del Real, hay cosas a las que no terminamos de acostumbrarnos.



Animales muertos en la carretera, atropellados por sus desconocimientos en seguridad vial, representan una habitual constante de nuestras carreteras.



Las señales de peligro: animales sueltos, están concebidas para informarnos a nosotros, no a ellos, ya sean domésticos o salvajes.





Gracias al blog Carretera y Manta hemos encontrado esta señal de peligro que es el equivalente a la de nuestro ciervo.



O esta otra de severlasalreves.



En las proximidades del Parque de la Paloma, en Benalmádena, puede observarse esta señal de peligro.



Pero, sin duda, la que más se echa en falta, la que representaría un verdadero aviso de peligro para todas las especies animales es esta otra:

martes, 9 de junio de 2009

Acerca del caracol cojo

Hace un tiempo, publicábamos una entrada en este blog sobre un caracol cojo víctima de un atropello involuntario.



Ha pasado algo más de un año desde aquél accidente y el superviviente de esta historia, poco a poco, va reconstruyendo y remodelando su concha.



El proceso está siendo lento, muy lento, pero es que se trata de un caracol, un bicho que nunca tiene prisa para nada, ni siquiera para reconstruir su casa.

viernes, 12 de septiembre de 2008

El caracol cojo

Esta primavera pasada, mi hija pequeña llegó a casa un día con una amiga. Ambas estaban muy preocupadas. Habían atropellado "sin querer" a un caracol con la bici.



Parte de la concha del caracol presentaba una avería importante. Me le traían para que yo le curara. La verdad es que no daba yo gran cosa por aquél ejemplar.
Han pasado los meses y, a base de lechuga y humedad, el caracol sobrevive al percance sufrido.



Es más que probable que, de haber dejado seguir a la Naturaleza su curso, este caracol no habría sido capaz de sobrevivir dado el gran número de depredadores que tiene esta especie y la penosa situación en que quedó tras el atropello. Nuestra interferencia en el curso natural de las cosas es sólo el intento de enmendar un daño que hemos producido nosotros mismos.